Se equivoca el sr. Trump
Alejandra María Sosa Elízaga*
Se equivoca el sr. Trump cuando se refiere con desprecio al Papa León XIV calificándolo de débil, de terrible, de ‘izquierda’. Decía mi sabio papá, qepd, que cuando en un intercambio de opiniones alguien recurre no a los argumentos, sino a las descalificaciones, la inteligencia se sale por la ventana, la discusión baja a nivel de pleito callejero y gana el que más insulta, no el que tiene la razón. Claro que en este caso ése no ganó. Se quedó hablando solo, porque el Papa no quiso entrar en polémica con él.
Se equivoca el sr. Trump cuando recurre al viejo truco de divulgar que quien se le opone dijo algo que éste no dijo. Trata de hacerlo quedar mal. Ignora que quien queda mal es él, porque en estos tiempos en que basta consultar el internet para enterarse al instante de qué fue lo que alguien realmente dijo, no engaña a nadie. Y quien ya conoce esta estrategia que suele emplear, ya sabe que antes de creer lo que afirma que el Papa dijo, hay que verificar.
Se equivoca el sr Trump cuando manda a su subalterno a pedir al Papa que ‘tenga mucho mucho cuidado cuando habla de teología, y que se ciña a la verdad’, acusándolo veladamente de ser ignorante y de mentir. Tal insinuación podría ser indignante, pero es tan absurda que dan ganas de reír.
Se equivoca el sr. Trump al publicar en sus redes sociales una foto en la que puso su rostro en lugar del de Cristo, en una imagen que lo representa con túnica blanca, manto rojo, una mano que irradia luz y otra que toca a un anciano en una cama. Cuando lo cuestionaron dijo que quiso representarse como doctor que sana a la gente. No se sabe qué es peor, si la imagen irreverente o su fallido intento de salirse por la tangente.
Se equivoca el sr Trump cuando afirma que si él no fuera presidente de Estados Unidos, no hubiera sido elegido un Papa norteamericano. Se atribuye un poder que no tiene. Dios preparó con mucha anticipación al Cardenal Prevost para que un día fuera Papa. Basta conocer su biografía para constatar que no fue casualidad lo que estudió, los idiomas que aprendió, los puestos clave que ocupó, los países por los que viajó, cómo conoció de primera mano tantas realidades del mundo y de la Iglesia. Fue sin duda el Espíritu Santo quien inspiró a los Cardenales a elegirlo, y por la mente de éstos jamás pasó, ni de lejos, la idea de darle gusto a un presidente.
Se creía que nunca habría un Papa norteamericano, para que no pareciera que había sido electo por influencia de su poderoso país, pero en este caso eran tantas las cualidades del Cardenal Prevost que no había más remedio que elegirlo, y no porque fuera, sino aunque fuera, norteamericano. Y sin duda tomaron en cuenta que él eligió nacionalizarse peruano. Así que fue elegido, no a causa de Trump, sino a pesar de Trump.
Se equivoca el sr. Trump cuando pide que ‘alguien informe al Papa’, como si éste ignorara lo que acontece en el mundo. Está mejor informado de lo que cree. Pero sabe que eso de arrasar con toda una población con la supuesta intención de acabar con los terroristas, es como querer matar a un mosquito golpeando con un mazo todo lo que hay en una habitación. El mosquito se posa un instante en la ventana, y antes de que el mazo lo golpee, ya voló. Pero el mazazo se da y destroza la ventana. Y más mazazos destrozan la cama, el buró, la mesa, la silla y todo lo que hay en el cuarto. Al final, todo queda hecho trizas en un intento de matar al mosquito, que sigue volando. No se acabará con los terroristas asesinando poblaciones inocentes. Responder a la violencia con violencia sólo la incrementa.
Los que hacen la guerra hablan de ‘objetivos’ y de ‘enemigos’, eufemismos para no referirse a los seres humanos a los que están atropellando.
Se niegan a ver, por ejemplo, el rostro angustiado de tantos adultos mayores que contemplan la casita que construyeron con su familia, donde esperaban pasar sus últimos días, ahora bombardeada, mientras se preguntan a dónde irán, pues tampoco están las casas de sus vecinos y han muerto todos sus parientes.
Se niegan a ver las miradas perdidas de padres que han perdido a sus hijos, hijos que han perdido a sus padres, familias enteras heridas, mutiladas, desaparecidas.
Se niegan a ver las filas de personas de rostros macilentos que llevan días sin probar bocado y hacen fila sosteniendo sus cacerolas vacías.
Se niegan a ver que donde antes había casas, edificios, parques de hermosos árboles, playas llenas de paseantes, han dejado sólo kilómetros y kilómetros de escombros, y una población desesperada que ha sido desplazada una y otra vez, a la que no le queda nada, a la que obligan a ocupar precarias tiendas de campaña que no protegen del frío ni del agua hedionda que se desborda del desagüe, a la que le han matado a sus seres queridos, le han destruido sus hogares, le han derribado sus escuelas, sus universidades, sus hospitales; le han derrumbado su futuro, su esperanza.
Se equivoca el sr Trump cuando le ofende que el Papa denuncie que basta un segundo para destruir y que no alcanza una vida para reconstruir.
Se equivoca el sr. Trump cuando le ofende que el Papa afirme que Dios no oye la oración de quienes pretenden usar Su nombre para hacer la guerra buscando en realidad sus propios intereses económicos y políticos.
Se equivoca el sr. Trump cuando le ofende que el Papa se atreva a pedir que los líderes del mundo no se sienten ya en la mesa en la que se planean las guerras, sino en la mesa en la que se dialoga para establecer la paz.
Se equivoca el sr. Trump al preferir la economía de la guerra, cuya ganancia está en la producción y venta de armamento, a la paz que propone el Papa: una paz desarmada y desarmante.
Se equivoca el sr. Trump cuando quiere callar al Papa porque éste ha insistido, insiste y seguirá insistiendo en que es necesario que aprendamos a convivir como hermanos.
Se equivoca el sr. Trump al indignarse porque el Papa no está de acuerdo con él. Debería agradecer que haya alguien que no tenga miedo de llevarle la contraria, y de denunciar lo que hace mal, pues aunque no lo crea, no busca atacarlo, busca su bien y el de toda la humanidad.
Se equivoca el sr Trump. Es comprensible. Es de humanos errar. Ojalá comprenda a tiempo que también es de sabios rectificar.

y los envió por delante...