Pruebas
Alejandra María Sosa Elízaga*
Conozco a varias personas que afirman no ser creyentes o haberlo sido y haber perdido su fe. Y he escuchado muchas veces los argumentos que dan para su incredulidad. Es por ello que me llamó la atención descubrir ecos de esos argumentos en el Evangelio que se proclama este domingo en Misa (ver Mt 4, 1-11;).
Cuando lee uno este texto, el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto, normalmente fija la mirada en Jesús con el fin de aprender de Él a superar las tentaciones pues, toda proporción guardada, son similares a las que enfrentamos nosotros todos los días, a nivel personal y comunitario. Sin embargo ahora quisiera proponerte que pongamos la mirada, o mejor dicho el oído, en otra parte: en las palabras que el diablo le dice a Jesús pues hay en ellas resonancias de tres cuestiones que suelen plantear los no creyentes para justificar su falta de fe, por lo que vale la pena abordarlas y tratar de darles respuesta. Estas tres cuestiones son:
1. Si Dios existe y si, como dicen, es Bueno, ¿por qué permite que haya hambre en el mundo?
En su libro 'Jesús de Nazaret', el Papa Benedicto XVI pregunta: '¿Hay algo más trágico, algo más opuesto a la creencia en la existencia de un Dios Bueno y Redentor de la humanidad, que el hambre mundial? ¿No debería ser ésta la primera prueba para el Redentor ante la mirada del mundo y a favor de éste, darle pan para terminar con toda hambre?'
El Papa relaciona esto con la primera prueba a la que el diablo pretende someter a Jesús: "Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes" (Mt 4, 3) y da una amplia respuesta, pero antes de comentar algunos puntos de ésta, cabe hacer notar que Dios creó el mundo con una superabundancia de recursos que podrían alcanzar y sobrar para que nadie pasara hambre. No es culpa Suya que unos cuantos acaparen esos recursos y despojen a otros. Y si alguien se pregunta por qué entonces Dios no hace nada contra los acaparadores, habría que responderle que el hecho de que no los fulmine con un rayo o los desaparezca de la tierra, no significa que no haga -o que no vaya a hacer-algo al respecto, pero a Su tiempo, respetando siempre la libertad humana, y dando a todos oportunidad de arrepentimiento y conversión.
Volviendo a lo que plantea el Papa en su libro, él parte de lo que el propio Jesús contesta al diablo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4), y explica que a la exigencia de pan Jesús no respondió abusivamente buscando saciar Su propia hambre, sino respondió, por una parte, en la multiplicación de los panes, para dar de comer a una multitud que primero tuvo hambre de Su Palabra, y por otra parte la respondió en la Eucaristía, dándose Él mismo como alimento para el mundo, Pan que verdaderamente alimenta al hombre, que es para todos, que no se agota nunca y que nos da, no una vida que termina, sino vida eterna.
2. A ver, si Dios existe que haga que suceda -o que no suceda- esto que le exijo ahoritita mismo
Se publicó en un diario la trágica confesión de un periodista que decía que como un día sufrió una situación muy traumática en la que Dios no le respondió como esperaba, dejó de creer en Él. Su caso es muy común. Son muchas las personas que se la pasan poniendo a prueba al Señor buscando que compruebe que es Dios.
En el Evangelio dice que el diablo llevó a Jesús a lo alto del templo de Jerusalén y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a Sus ángeles para que te cuiden" (Mt 4,6).
Quienes quieren obtener a voluntad una espectacular intervención divina se decepcionan cuando ésta no sucede; no comprenden que el hecho de no recibir la respuesta que esperan no prueba que Dios no exista, sino más bien que Sus pensamientos están muy por encima de los nuestros, y que como sólo Él puede ver por encima del tiempo y del espacio, sabe y permite lo que realmente es mejor para nosotros, aunque de momento nos desconcierte.
Le dice Jesús al diablo: "No tentarás al Señor tu Dios" (Mt 4,7), es decir, no lo pondrás a prueba. No nos corresponde a nosotros andarle poniendo 'cuatros' a Dios, sino abandonarnos confiadamente a Su Providencia.
3. Creería en Dios si me conviniera
Mucha gente estaría dispuesta a creer en Dios si Él sirviera a sus intereses. Les encantaría que Él se prestara a avalar cuantas causas se les ocurrieran. Vienen a la mente los que hacen las guerras, los que bajo pretexto de defender libertades y derechos, arrasan con libertades y derechos; sin duda todos ellos querrían tener a Dios a sus pies, enarbolando sus banderas.
Sus pretensiones se asemejan a las del diablo que le promete al Señor darle los reinos del mundo (ja, como si le pertenecieran) a cambio de que se postre y lo adore (ver Mt 4,9).
A esto responde Jesús: "Al Señor tu Dios adorarás y sólo a Él darás culto" (Mt 4,10).
Nadie puede pretender hacer de Dios una especie de 'genio de la lámpara mágica' para que salga sólo cuando se le mande y obedezca siempre. Dios está por encima de todo y de todos y quienes se niegan a creer en Él porque no quieren someterse a Su voluntad se engañan creyendo que están mejor así, no lo están: se han condenado a sí mismos a una vida en soledad y sin sentido.
Como se ve, la escena evangélica no sólo trata de tres pruebas a las que el demonio quiso someter al Señor, sino de tres pruebas que mucha gente considera como claves para poder creer o no en Dios. Pidamos a Jesús que es la Verdad, que venció todas las pruebas, que haga brillar Su luz y a todos les dé Su gracia para disolver toda duda y para desandar los caminos que los han alejado de Su lado.
(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “Caminar sobre las aguas”, Col. ‘La Palabra ilumina tu vida’, ciclo A, Ediciones 72, México, p. 45, disponible en Amazon).

y los envió por delante...