¿Comulgar en la mano o en la boca?, ¿de pie o de rodillas?
Alejandra María Sosa Elízaga**
Quizá haya lectores que recuerden que hace unos cuarenta años había en las iglesias, en la parte de adelante, un largo barandal llamado “comulgatorio” casi al borde del escalón que separaba el presbiterio (el área donde estaba el altar), del área de los fieles.
Se usaba como reclinatorio: la gente se arrodillaba en el escalón, se apoyaba en el barandal y del otro lado el padre iba pasando de un extremo al otro distribuyendo la Comunión, que los fieles recibían en la boca. Se enfatizaba así lo Sagrado de la Eucaristía, que sólo las manos consagradas del sacerdote podían tocarla y que quien comulgaba debía rendir adoración a Dios, presente en el Pan Eucarístico, recibiéndolo de rodillas.
Con las reformas del Concilio Vaticano II, a finales de los años sesenta, se concedió permiso para recibir la Comunión en la mano y para comulgar de pie.
Se quiso hacer sentir a los fieles que debido a la dignidad sacerdotal recibida en su Bautismo, eran dignos de tocar el Cuerpo de Cristo; y que recibir en su mano la Comunión y llevarla a la propia boca, les permitía una participación más activa y madura, no ya como niños que recibían todo en la boca, sino como adultos en la fe, que comulgaban por sí mismos.
En un principio dos terceras partes de los fieles continuaron comulgando como siempre; acostumbrados a recibir la Comunión arrodillados y en la boca, sentían que se perdía el sentido de lo Sagrado de la Eucaristía si la tomaban de pie y en la mano.
Sin embargo esto fue cambiando paulatinamente y hoy en día tal vez se podría decir que son más los que acostumbran recibir la Hostia en la mano. La pregunta es: ¿se ha ganado o se ha perdido con ello?
Para averiguarlo se realizó, entre sacerdotes, Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión y católicos que comulgan, una pequeña encuesta acerca de los pros y contras de las diversas maneras de recibir la Comunión.
Recibir la Comunión en la mano
La mayoría coincidió en que puede ser signo de una fe madura, pero expresaron preocupación de que si se realiza sin saber cómo, solamente extendiendo una mano como quien pide cualquier cosa, no se expresa adecuadamente que se está recibiendo nada menos que el Cuerpo de Cristo.
También se comentó que comulgar así se presta para irreverencias, como recibir la Comunión en una mano sucia, o no cuidar que no queden partículas de la Hostia en mano o dedos, y, algo muy grave: que se pueden cometer sacrilegios, si quien distribuye la Comunión no cuida que el fiel la comulgue ahí mismo, y éste se la lleva.
Se consideró además algo poco higiénico, pues quien comulga ha venido de la calle, tal vez ha sacado dinero para la colecta, ha dado la mano en el rito de la paz a personas que pueden tener gripa u otro mal contagioso.
Comulgar en la boca
Se percibió como respetuoso e higiénico, pues no se toca el Cuerpo de Cristo con manos que pueden estar contaminadas, pero algunos dijeron que es signo de una fe infantil (lo cual, permítaseme el paréntesis, no necesariamente es malo, ¿no dijo Jesús que si no nos hacemos como niños no entraremos en el Reino?).
Comulgar de pie
Se describió como más práctico y rápido, pero que no expresa la debida reverencia que merece Cristo, presente en la Sagrada Comunión.
Se cuestionó que si hay que hacer reverencia ante el altar y genuflexión ante el Sagrario donde se reservan las Hostias Consagradas, ¿cómo es que casi nadie hace genuflexión antes de recibir al Señor en Persona, presente en la Eucaristía?
Comulgar de rodillas
Se definió como muy reverente, pero se pensó que puede complicar y hacer más lenta la fila, aunque algunos propusieron que una de las filas donde se distribuye la Comunión se coloque un reclinatorio, para quien desee arrodillarse al recibirla.
En conclusión
Se concluyó que sea cual fuere el modo como los fieles decidan comulgar, lo importante es recuperar el sentido de lo sagrado en la Eucaristía.
Se plantearon algunas sugerencias:
- Que se explique en cada Misa que quien desee recibir la Comunión en la mano no deben extender sólo una mano, sino coloque ambas debidamente, para expresar que está consciente de que no recibe algo ordinario sino extraordinario: ¡a Dios mismo!
- Que a todos los que comulgan se les pida que en el instante previo a recibir la Comunión hagan una genuflexión o, si no les es posible, una reverencia profunda. Es un gesto breve, que no afecta la fluidez de la fila, pero muy significativo pues expresa debidamente que se sabe que se está ante el Señor, presente en el Pan Eucarístico.
- Que se recuerde a los fieles que cuando se les presente la Hostia diciendo: “El Cuerpo de Cristo”, respondan en voz clara y fuerte: “Amén”.
- Promover el silencio sagrado. Que el coro deje de cantar al terminarse de repartir la Comunión y que los fieles puedan disfrutar de un momento de silencio para adorar al Señor y dialogar con Él.
- Hacer saber a los fieles que tienen el derecho de elegir cómo desean comulgar.
En suma:
Conviene al comulgar no sólo sentir al interior sino expresar al exterior el amor y la adoración con que acogemos al Señor, que viene a nosotros.
Porque así lo honramos a Él, que lo merece todo, y damos también buen testimonio a otros.
El Papa explica por qué prefiere que los fieles comulguen en la boca y de rodillas:
“En principio no me opongo a la Comunión en la mano; La he administrado y recibido así yo mismo. La idea de pedir a la gente que se arrodille para recibir la Comunión en la lengua fue para subrayar la Presencia Real con signos de admiración.
Hay un grave peligro de superficialidad debido al tipo de eventos masivos que se llevan a cabo en San Pedro, tanto en la Basílica como en la Plaza.
He oído de gente que tras recibir la Comunión guarda la Hostia en su cartera como una especie de “recuerdito”.
En este contexto, donde la gente piensa que se supone que todos han de recibir la Comunión (“los demás lo hacen así que yo también”), quise enviar una señal, que quedara claro: ¡Algo muy especial está sucediendo aquí! ¡Él está aquí! ¡Aquél ante quien caemos de rodillas! ¡Pongan atención! No se trata de un ritual social del que cualquiera que quiera puede participar...”
(Del libro “Luz del Mundo”: el Papa Benedicto XVI charla con Peter Seewald).
La Comunión a lo largo de los siglos
Durante los primeros siglos del cristianismo, se solía recibir la Comunión en la mano.
A partir del siglo VII eso fue cambiando.
Para el siglo X, la norma fue recibirla en la boca.
Hasta la segunda mitad del siglo XX en que se permitieron ambas formas.
¿Qué recomienda el Vaticano?
En entrevista concedida recientemente a ACI Prensa, el Cardenal Cañizares, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos declaró:
Es recomendable que los fieles comulguen en la boca y de rodillas.
El sentido que debe tener la Comunión, es de adoración, de reconocimiento de Dios.
Es sencillamente saber que estamos delante de Dios mismo y que Él vino a nosotros y que nosotros no lo merecemos...
No se puede trivializar la Comunión. Si se trivializa la Comunión, se trivializa todo.
Arrodillarse es la señal de adoración que es necesario recuperar. Yo creo que es necesario para toda la Iglesia que la Comunión se haga de rodillas...
Si se comulga de pie, hay que hacer genuflexión, o hacer una inclinación profunda...
Si se recibe la Comunión en la mano
No está permitido tomar la Hostia directamente del Copón.
No está permitido recibirla en la mano cuando se comulga bajo las dos especies.
No se deben usar los dedos como pinzas para tomarla de la mano del que la distribuye.
Se debe colocar la mano izquierda con los dedos extendidos y unidos y la palma hacia arriba, un poco ahuecada.
Colocar la derecha abajo de la izquierda, con la palma hacia arriba, como para formar un digno trono.
Una vez que la Hostia ha sido colocada en la palma izquierda, tomarla con el pulgar e índice derechos y llevarla a la boca colocando la mano izquierda debajo de la barbilla, a modo de patena para evitar que partículas puedan caer al suelo.
Revisar y en dado caso consumir cualquier partícula en manos o dedos.
No se debe llevar directamente a la boca a la Hostia que está sobre la palma de la mano izquierda. Para consumirla es necesario tomarla con el índice y pulgar de la mano derecha.
Irreverencias y reparación
Quienes distribuyen la Sagrada Comunión lamentaron que haya gente que se acerca a comulgar con la misma actitud -o puede ser que hasta menos entusiasmo- con que se acerca a tomar un bocadito gratuito que se le ofrece en un supermercado.
Extiende sólo una mano descuidadamente (y se irrita si le sugieren que extienda ambas), y con frecuencia no responde “Amén” cuando le presentan la Hostia diciendo: “El Cuerpo de Cristo”.
Santa Margarita María Alacoque contó que Jesús le dijo: “Me entristecen las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de amor”, y a otros santos y santas Jesús les reveló que lo lastimaba que la gente comulgara como si se tratara de tomar un pan cualquiera.
Hagamos oración de reparación, que consiste en pedir perdón al Señor por las ofensas que recibe en la Eucaristía.
Ofrezcámosle nuestro amor en reparación por los que no le aman; nuestra adoración y gratitud en reparación por los que no lo adoran ni agradecen.
Ediciones 72www.ediciones72.com

y los envió por delante...