y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

Cambio permanente

Alejandra María Sosa Elízaga*

Cambio permanente

Cuaresmas van y Cuaresmas vienen y tú, ¿sigues en las mismas o realmente has cambiado en algo?

Cada año se nos ofrece un espacio privilegiado de cuarenta días para ponernos 'en forma' espiritualmente hablando, ¿los aprovechamos de veras o pasan sin pena ni gloria?

Si no has notado 'mejoría espiritual' quizá sucede que los sacrificios que haces durante este período resultan contraproducentes porque te provocan una especie de efecto de 'rebote': en Cuaresma te privas de algo y cuando llega la Pascua ¡te desquitas dándote ¡un auténtico atracón de aquello! Así, tu sacrificio no rinde frutos permanentes y no sirve más que para que durante unos días te creas 'lo máximo' (‘¡oh, qué heroicos esfuerzos hago por el Señor, seguro me lo tomará en cuenta!, me privo de esto ¡con lo trabajoso que me resulta! ¡Dios debe estar orgullosísimo de mí!’) y luego caigas otra vez en lo mismo y quizá peor (‘llevo siete semanas que no cuento chismes, déjenme les platico ¡todos los que he acumulado!’) .

Estamos comenzando apenas una nueva Cuaresma. ¿Cómo lograr que esta vez no suceda lo de siempre, sino que al finalizar esta 'cuarentena' puedas mirar hacia atrás y decir honestamente que en algo (o en mucho, ¿por qué no?) has cambiado (para bien, claro), y que este cambio no será 'llamarada de petate', sino algo que procurarás incorporar en tu vida para siempre?

Considera estas 7 sugerencias sobre cómo conviene que sean tus propósitos de Cuaresma:

1. No demasiado vagos

Si te propones simplemente 'ser mejor', como no te refieres a nada en concreto, terminas por no mejorar en nada. Hazte un propósito específico, por ejemplo: mejorar tu relación con x persona, cambiando tu mala actitud hacia ella, buscando modos de hacerle un bien, orar por ella, no criticarla, etc.

2. No demasiado amplios

No te propongas atacar al mismo tiempo todas las áreas de tu vida que necesitan mejoría, es agobiante y terminarás por renunciar. Elige una y trabájala con la conciencia de que es muy posible que cuando termine la Cuaresma todavía no hayas terminado de trabajarla. No importa, has comenzado y eso es lo que cuenta, ya estás ¡en buen camino! Ahora bien, ¿cómo elegir ese particular defecto de carácter, pecado o debilidad que puedes trabajar en esta Cuaresma?, muy fácil: preguntándole a Dios. Sí, no pongas cara de 'pero a mí Dios no me habla', porque sí lo hará, no con voz atronadora, no temas, sino de esa manera sutil pero inequívoca con la que suele manifestarnos Su voluntad. Pídele de corazón que te indique en cuál de tus 'miserias' quiere que trabajes en esta Cuaresma y ¡presta atención! porque te responderá: quizá a través de un texto de la Escritura que te sacudirá y te hará sentir que se refiere a ti (¿ya le echaste un ojo a Stg 3, 1-12?), o tal vez un comentario de alguien, dicho así como de pasadita: '¡híjole, cómo acumulas rencores!', '¡qué egoísmo el tuyo!', '¡qué venenoso comentario hiciste!', o simplemente una creciente convicción interior de que hace falta trabajar algo que sabes que te aparta del Señor y de los demás...

3. No demasiado ambiciosos

No quieras entrar al libro Guinness por alcanzar la santidad en tiempo récord; es un proceso que dura toda la vida, un continuo aprender a vaciarse de sí mismo para llenarse de Dios. Y a veces pasa como cuando duermes con un cobertor muy chico: te cobijas de un lado y te descobijas del otro: logras superar una cosa y caes en otra, y hay que volverse a levantar, con la ayuda de Dios y seguir caminando sin desesperarse. No esperes que al finalizar la Cuaresma te 'apriete la aureola', pero siéntete feliz de saber que le diste gusto a Dios caminando hacia Él y consuélate recordando lo que dice el Kempis, sabio autor de 'La Imitación de Cristo' (un librito del año del caldo, recomendabilísimo porque es impresionantemente profundo, sencillo y muy actual): "Si cada año desarraigásemos un vicio, pronto seríamos perfectos'. (Libro I, Cap XI).

4. No demasiado exigentes

No creas que para cumplir bien tus propósitos cuaresmales tienes que dejarlo todo y pasarte el día en la iglesia rezando hincado sobre arroz crudo. Dios no quiere cristianos 'herniados' que se derrenguen tratando de cumplir algo imposible. No. Lo que Él pide está siempre al alcance de nuestras posibilidades, (perdonar, comprender, ayudar, construir la paz, la justicia, la fraternida) sobre todo porque para cumplirlo contamos siempre con Su gracia infinita...

5.No demasiado laxos

Tampoco te vayas al otro extremo proponiéndote cumplir sólo lo que no te dé flojera. Toma en serio tu compromiso de crecimiento espiritual, y pon los medios para cumplirlo.

6. No demasiado breves

Dicen que lo que bien se aprende no se olvida y que una conducta repetida se hace costumbre. No le pongas 'fecha de caducidad' a tus propósitos cuaresmales, luego de la cual vuelvas a darle 'vuelo a la hilacha'. Aprovecha que los practicarás cuarenta días y deja que se te vuelvan un hábito permanente.

7. No ¡inexistentes!

El peor propósito de Cuaresma, el que nunca se cumple es el que ni siquiera te planteas!

Proponte realizar tres acciones concretas con relación a la oración, la limosna y la abstinencia, y pide ayuda a Dios para cumplirlas.

 

(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “El regado de la Palabra”, Col. ‘Fe y vida’, ciclo B, Ediciones 72, México, p.51, disponible en Amazon).

Publicado el domingo 18 de febrero de 2024 en la pag web y de facebook de Ediciones 72