y los envió por delante...
a todas las ciudades y sitios a donde ÉL había de ir...'
(Lc 10,1)

Sed de Dios

Alejandra María Sosa Elízaga*

Sed de Dios

Dice el dicho que ‘más sabe el diablo por viejo que por diablo’.

Solemos considerar que la sabiduría viene con la edad, porque eso permite acumular muchas experiencias y también adquirir muchos conocimientos.

Si alguien empieza un cuento diciendo: ‘había una vez un hombre sabio que vivía en una montaña...’, nueve de diez personas se lo imagina como un venerable viejito de larga barba blanca.

Por eso tal vez sorprende lo que plantea la Primera Lectura que se proclama este domingo en Misa (ver Sab 6, 12-16).

Dice que los que aman la sabiduría, fácilmente pueden contemplarla; que se deja encontrar por los que la buscan; se da a conocer a los que la desean, y que si alguien madruga por ella, la encontrará sentada a su puerta.

Eso significa que, a diferencia de la sabiduría del mundo, que es cosa de edad y de erudición, la sabiduría que proviene de Dios puede llegar a cualquiera, aunque tenga pocos años y no tenga estudios. Ahí tenemos como ejemplo a dos Doctoras de la Iglesia: santa Catalina de Siena, que no sabía leer, y santa Teresita del Niño Jesús, que murió a los 24 años.

Es que la verdadera sabiduría es un don del Espíritu Santo, que nos capacita para saber elegir lo mejor, lo perfecto, lo que agrada a Dios; preferir Sus caminos a los nuestros, amoldar nuestra voluntad a la Suya.

Y para tener esa sabiduría, no importa si eres adolescente o anciano, si tienes un doctorado o no sabes escribir, lo que importa es tu disponibilidad para quererla recibir.

Lo expresa muy bien el autor del Salmo 63, que responde a esta Lectura:

 

Señor, Tú eres mi Dios, a Ti te busco;

de Ti sedienta está mi alma.

Señor, todo mi ser te añora

como el suelo reseco añora el agua.

 

Para admirar Tu gloria y Tu poder,

con este afán te busco en Tu santuario.

Pues mejor es Tu amor que la existencia;

siempre, Señor, te alabarán mis labios.

 

Podré así bendecirte mientras viva

y levantar en oración mis manos.

De lo mejor se saciará mi alma.

Te alabaré con jubilosos labios.” (Sal 63)

 

¿Quieres ser sabio?, ¿quieres ser sabia? Busca a Dios, ten sed de Dios; añóralo como la tierra reseca añora la lluvia; considera que el amor de Dios es lo mejor que hay, mejor aún que tu propia vida.

Ésa es la verdadera sabiduría.

 

(Del libro de Alejandra María Sosa Elízaga “Sed de Dios”, Col. ‘Reflexión dominical’, ciclo A, Ediciones 72, México, p. 158, disponible en Amazon).

Publicado el domingo 13 de noviembre de 2023 en la pag web y de facebook de Ediciones 72