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¿Para qué consagrar México al Espíritu Santo?


Alejandra María Sosa Elízaga*

El pasado 20 de abril los obispos de todo el país, reunidos en la Basílica de Guadalupe, consagraron nuestra patria al Espíritu Santo.

Ello despertó el interés de mucha gente que se pregunta cuáles son las causas y qué consecuencias puede esperar de esta consagración.

Para responder a dichas inquietudes cabe hacer las siguientes precisiones:

¿Qué y para qué es la consagración de México al Espíritu Santo?

Es dedicar nuestra patria a Dios Espíritu Santo.

Encomendarnos, pero también comprometernos, a ser dóciles a Su amor y Su guía.

¿No había sido ya consagrado antes nuestro país al Espíritu Santo?

Sí. En 1924, durante un período particularmente difícil de nuestra historia, los obispos mexicanos hicieron dicha consagración por primera vez.

¿Por qué volverla a hacer?

Porque nuevamente nuestro país está pasando por un momento difícil.

¿No se renovó ya dicha consagración el pasado 20 de abril?
¿Por qué hacerlo en Pentecostés?

Porque así se hizo la primera vez.

Los obispos se reunieron a hacer la consagración en octubre del 24 durante el Congreso Eucarístico Nacional, pero para que más gente pudiera participar pidieron que cada diócesis en particular hiciera dicha consagración el día de Pentecostés al año siguiente, que en aquel entonces fue, como ahora, un 31 de mayo, día en que siempre se celebra la fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María, que recuerda cuando ella fue a visitar a su prima Isabel, llevando ya en su vientre a Aquel que concibió por obra del Espíritu Santo. Providencial coincidencia...

¿Qué pedimos en esta consagración?

Para responder cabe ir repasando las frases que componen la oración que fue publicada en Desde la Fe (en el n.634 del 19 de abril del 09) y que ha sido impresa en estampitas y repartida en los templos de la Arquidiócesis de México y a los fieles de diócesis del interior del país que las han solicitado:

Espíritu Santo: Te consagramos nuestra Patria

Cabe entender esto tanto en tiempo pasado como en tiempo presente (en referencia a la consagración de entonces y a la de ahora).

Intercede y vela por quienes vivimos en ella

Dice San Pablo que el Espíritu Santo intercede por nosotros, que no sabemos pedir lo que nos conviene (ver Rom 8,26).

Encomendamos a su sabia y providente intercesión a todos los que vivimos en México, nacionales y extranjeros.

No nos dejes perdernos por caminos sin Dios

La gran tentación de nuestro tiempo es olvidarse de Dios; que no se le mencione en la escuela, en la política, en el trabajo, en el hogar.

Algunos creen que esto es una “liberación” pero no lo es, porque el que camina sin la luz de Dios, termina por extraviarse en la oscuridad. Imploramos al Espíritu Santo que dirija siempre nuestros pasos.

Reoriéntanos al gozo de la fe y la verdad

Como hemos perdido el rumbo, estamos necesitados de conversión, de volver a encaminarnos hacia Dios.

Le rogamos que nos ayude a comprender que la verdadera alegría sólo proviene de Él, porque las cosas de este mundo no sacian ni dan felicidad duradera; y que no nos deje vivir engañados creyendo que podemos ser felices sin Dios.

Que no olvidemos que Jesús dijo que sólo la verdad nos hace libres (ver Jn 8,32), que la Verdad es Él (ver Jn 14,6) y que el Espíritu nos conducirá hacia la verdad (ver Jn 16,13).

Espíritu de paz, perdón y misericordia, líbranos de la violencia y la discordia

Hay demasiados corazones dañados por la ira, el odio, el resentimiento, el deseo de venganza, no sólo por la delincuencia sino también por divisiones dentro de familias y comunidades.

Pedimos al Espíritu santo que nos colme de Su paz para poder convivir en concordia.

Y enséñanos a hablar las lenguas siempre nuevas de la fraternidad

En Pentecostés, los apóstoles hablaban en lenguas que todos podían comprender.

Pedimos que nos ilumine para saber comunicarnos con los demás y dialogar con ellos como verdaderos hermanos.

Espíritu de alegría, consuelo y fortaleza, sánanos del desánimo, el miedo y la tristeza

Jesús llamó al Espíritu Santo “Consolador” (ver Jn 14,16) y dijo que nos da fuerza (ver Hch 1,8). Pedimos nos consuele y fortalezca para enfrentarlo todo sin desanimarnos, paralizarnos de temor o deprimirnos.

Que nos aliente la gozosa esperanza de saber que en todo interviene Dios para bien (ver Rom 8, 28).

Espíritu de generosidad y de justicia, apártanos del egoísmo y la avaricia e inspíranos acciones para crear condiciones que permitan a todos vivir con dignidad

Se ha dicho que fue la avaricia de unos cuantos lo que ha provocado la crisis económica.

Pedimos que no sólo nos salve de ese pecado sino nos mueva a hacer algo en concreto para mejorar la calidad de vida de quienes nos rodean, en especial de los más necesitados.

Tú que eres la Fuente de la Vida, rescátanos de la cultura de la muerte

El Papa llama “cultura de la muerte” a esa tendencia, que se nota sobre todo en los medios de comunicación, de presentar como admisible e incluso recomendable lo que atenta contra la vida (por ej: el aborto, la eutanasia, la manipulación genética, la legalización de la droga, el sexo fuera del matrimonio, el uso de armas, el desaforado consumismo, etc.).

Pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a saber vivir en el mundo pero sin pertenecerle a éste (ver Jn 15,19).

Fecúndanos con Tus dones, Tus frutos y carismas

A Aquel que fecundó el vientre de María para que concibiera al Salvador, le pedimos nos haga fértiles con Sus dones (sabiduría, ciencia, entendimiento, fortaleza, consejo, piedad y temor de Dios - ver Is 11,2- ), para dar abundantes buenos frutos (de amor, alegría, paz, paciencia, misericordia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio - ver Gal 5,22- ).

Y le pedimos carismas, es decir, las capacidades necesarias para ser, como los profetas y los apóstoles, testigos del Señor, enviados a comunicar con valor y caridad nuestra fe y esperanza en Dios (ver 1Cor 12-13).

Ilumina nuestra tierra, renueva las naciones

Pedimos por México, pero nuestra oración se universaliza para encomendar también a nuestros hermanos

El Espíritu Santo descendió la primera vez como lenguas de fuego (ver Hch 2,2).

Le pedimos que, como en Pentecostés, nos alumbre, nos incendie interiormente, para salir a ser, como pidió Jesús, luz del mundo.

¿Cómo puede cada creyente participar en esta consagración?

Cada uno puede hacerla en algún momento este domingo de Pentecostés, de preferencia en comunidad, por ejemplo en Misa.

También se puede reunir la familia para hacerla.

Y continuar haciéndola cada día...

¿Qué resultados podemos esperar de esta consagración?

Como dijo Jesús a uno que le hizo una petición: "Que te suceda como has creído" (Mt 8,13). Si creemos poco, nos sucederá poco.

Pero todo lo que aquí pedimos se nos concederá si lo pedimos con verdadera fe.

¿Quieres poner tu granito de arena y contribuir a consagrar México a la poderosa y amorosa guía del Espíritu Santo?

Fotocópiala  y repártela:

Consagración al Espíritu Santo

Espíritu Santo: Te consagramos nuestra Patria.

Intercede y vela por quienes vivimos en ella.

No nos dejes perdernos por caminos sin Dios,
reoriéntanos al gozo de la fe y la verdad.

Espíritu de paz, perdón y misericordia
líbranos de la violencia y la discordia
y enséñanos a hablar
las lenguas siempre nuevas de la fraternidad.

Espíritu de alegría, consuelo y fortaleza
sánanos del desánimo, el miedo y la tristeza.

Espíritu de generosidad y de justicia,
apártanos del egoísmo y la avaricia
e inspíranos acciones para crear condiciones
que permitan a todos vivir con dignidad.

Tú que eres la Fuente de la Vida
rescátanos de la cultura de la muerte,
fecúndanos con Tus dones, Tus frutos y carismas.

Ilumina nuestra tierra, renueva las naciones,
ven como en Pentecostés,
e incendia con Tu fuego de amor los corazones.
Amén
.


Aquí la tienes en letra más grande:

Consagración al Espíritu Santo

Espíritu Santo: Te consagramos nuestra Patria.

Intercede y vela por quienes vivimos en ella.

No nos dejes perdernos por caminos sin Dios,
reoriéntanos al gozo de la fe y la verdad.

Espíritu de paz, perdón y misericordia
líbranos de la violencia y la discordia
y enséñanos a hablar
las lenguas siempre nuevas de la fraternidad.

Espíritu de alegría, consuelo y fortaleza
sánanos del desánimo, el miedo y la tristeza.
Espíritu de generosidad y de justicia,
apártanos del egoísmo y la avaricia
e inspíranos acciones para crear condiciones
que permitan a todos vivir con dignidad.

Tú que eres la Fuente de la Vida
rescátanos de la cultura de la muerte,
fecúndanos con Tus dones, Tus frutos y carismas.

Ilumina nuestra tierra, renueva las naciones,
ven como en Pentecostés,
e incendia con Tu fuego de amor los corazones.
Amén
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