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Para dar gracias a Dios en año nuevo, en familia


Alejandra María Sosa Elízaga*

¿Recuerdas esa escena del Evangelio en la que Jesús curó a diez leprosos y sólo uno regresó a darle las gracias?

El Señor expresó en voz alta su extrañeza ante la falta de gratitud de los otros nueve (ver Lc 17, 11-19).

Y no porque Él esperara o, menos aún, necesitara agradecimientos, sino porque ser agradecidos nos beneficia a nosotros: nos hace sensibles a los dones que Dios derrama en nuestra vida.

Lamentablemente suele suceder que la oración que ocupa el primer lugar del “rating” entre los creyentes es la de petición: pedir, pedir y pedir; pero la de agradecimiento ocupa un lugar muy secundario y con frecuencia se reserva sólo para cuando lo que se pidió haya sido concedido cómo, cuándo y según lo solicitamos.

Así pues, para no engrosar las filas de los ingratos, este fin de año puedes hacer algo especial para ayudar a que los miembros de tu familia reconozcan cuánto los ama y los bendice Dios y le expresen su agradecimiento.

Sólo necesitas comprar doce velas (son ideales las que venden en cajitas a la salida de los templos y que la gente suele usar en su devoción a la Divina Providencia) y tener a la mano doce hojas de papel.

En la parte de arriba de una hoja escribes: enero; en otra hoja: febrero, y así sucesivamente, a cada hoja le asignas un mes del año.

Con anticipación pides a los familiares con quienes celebrarás Año Nuevo, que recuerden las cosas importantes que les sucedieron este año (por ejemplo una boda, un viaje, una enfermedad, un nuevo empleo, un fallecimiento, nuevas amistades, etc. y también cumpleaños y aniversarios), y que te digan en qué mes ocurrieron. Anotas en la hoja del mes correspondiente, cada una de estas cosas importantes que pasaron. Por ejemplo: “Abril: Nació Juanito; se recibió Lupita; Pedro salió del hospital”. Al final de esto tendrás diversas anotaciones en cada una de las doce páginas.

Pones las velas en candeleritos -o sobre algo que no se queme- en una mesa. Reúnes alrededor de ésta a los miembros de la familia (de preferencia al anochecer del día 31).

Les explicas que se han reunido todos para dar gracias a Dios por todas las bendiciones que han recibido en este 2009.

Se enciende la primera vela y se lee lo que ocurrió en enero. De cada cosa anotada se da gracias, se le busca lo bueno.

Si alguien estuvo enfermo, se agradece que pudieron atenderlo, que sintió el cariño de su familia, y que se mejoró, o, si falleció, que ya está gozando de la presencia del Señor.

Si no hay nada anotado en algún mes, se da gracias por el don cotidiano de la vida o de la salud, o de la amistad...

Al terminar de decir lo de un mes, se prende otra vela y se lee lo del siguiente mes.

Al final, las doce velas encendidas se van consumiendo, como se va consumiendo el año viejo, y son un hermoso centro de mesa para sentarse a compartir la cena de Año Nuevo y contemplar los rostros de los seres amados, iluminados por la alegría de descubrir que de verdad Dios los ha colmado de bendiciones, la mayor de las cuales es contar siempre con Él, y también unos con otros.

Para empezar bien el año no hace falta atragantarse de uvas, ponerse un calzón rojo, rodearse de ajos, herraduras, borregos, maletas, escobas y demás inventos de los comerciantes, basta con asegurarse de que el invitado principal sea el amor y la gratitud a Dios y a la familia que Él te dio...

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