Injustificable
Alejandra María Sosa Elízaga*
No he sabido de ninguna excepción a esta regla: cuando alguien quiere hacer algo terrible, (por ejemplo, cometer lo que la Iglesia considera un pecado grave), no suele decir: "pues esto que quiero hacer es muy malo y lo voy a hacer porque a mí me vale que sea malo".
No. Lo que suele hacer es buscar una justificación, racionalizar el asunto hasta hallar la disculpa, el pretexto, la razón que le permita realizar aquello no sólo sin sentirse mal o culpable, sino incuso sintiéndose muy satisfecho de sí mismo.
Cabe comentar que en esta operación se cuenta con la ayuda eficaz de ése al que Jesús llamó el príncipe de la mentira, que consigue que la persona se autoengañe y muy posiblemente logre engañar a otros.
Vemos un ejemplo de esto en lo que respecta al aborto.
Es interesante hacer notar lo siguiente: cuando en Estados Unidos los que se oponían al aborto comenzaron a identificarse como "pro-life" (es decir, en pro, a favor de la vida), sus oponentes comprendieron que no les convenía emplear el lema opuesto: "pro-death" (es decir, en pro, a favor de la muerte), pues suena feo y nadie querría unirse a semejante causa.
Así pues, buscaron y encontraron una manera atractiva para presentar su postura: se autodenominaron: "pro-choice" (es decir, en pro, a favor de elegir); para dar la impresión de ser personas respetuosas de las decisiones ajenas, que no imponen sus ideas sobre otros, que defienden que las mujeres elijan libremente lo que desean hacer.
Eso les dio muy buen resultado. Se presentaron al mundo como los paladines de la libertad, del respeto al otro, de la tolerancia, del progreso...
En México está sucediendo algo muy semejante.
Quienes están a favor del aborto se presentan ante el público como grandes defensores de los derechos humanos.
La pregunta es: ¿lo son realmente?
Basta reflexionar un poco sobre el asunto para descubrir que no.
Y para muestra basta examinar lo que propusieron: que se acepte como causal para permitir un aborto en México: que durante las doce primeras semanas de embarazo, la mujer considere que continuar con éste afectaría su "proyecto de vida".
En primer lugar hay que advertir que mencionan una aparentemente insignificante cantidad de semanas, una docena apenas, que en realidad constituye un lapso de tres meses, tiempo suficiente para que el bebé haya alcanzado un punto importante de su desarrollo (cabeza, cuerpo, extremidades).
Si carece de sustento científico la afirmación de que el embrión no es más que un grupito de células que no siente (pues ha quedado comprobado que desde el inicio se trata de un ser humano completo, aunque en desarrollo), resulta todavía más insostenible afirmar aquello con relación a un bebé de tres meses de gestado: es evidente que no es un "producto", una "cosa", sino una persona con ojos, nariz, boca, manitas, pies...
En segundo lugar es importante captar que esta causal tiene dos implicaciones gravísimas:
La primera es que abre por completo la puerta para que se practiquen abortos por la razón que sea, que baste el argumento más trivial para que se obtenga permiso para eliminar a un semejante.
Eso es terrible no sólo porque implica la muerte de una criatura inocente e indefensa, sino también porque alienta una manera tremendamente egoísta y violenta de resolver las dificultades.
En oposición a la visión cristiana que te pide que no dejes de amar a quien te hace la existencia difícil e incluso seas capaz de dar la vida por él, aquí la invitación es al revés: que no te permitas amar a quien crees que te hará la existencia difícil e incluso seas capaz de quitarle la vida...
La segunda es que abre también una puerta a una realidad aterradora: la de tener autorización para deshacerse de alguien por el simple hecho de considerar que estorba para que uno desarrolle su proyecto de vida.
Si así se empieza, ¿qué impide que luego se legisle a favor de eliminar no sólo a los bebés no nacidos, sino a los parientes ancianos, a los enfermos crónicos, a las personas con alguna discapacidad, en fin, a todo aquel que pueda ser considerado por alguien como un obstáculo para su proyecto de vida?
Los supuestos defensores de los derechos humanos están atentando gravemente contra esos derechos que dicen defender...
Por último cabe hacer notar la tristemente irónica contradicción que encierra pretender fundar un "proyecto de vida" suprimiendo una vida.
No se puede edificar la existencia sobre cimientos de muerte. No es moralmente lícito hacer un mal para obtener un supuesto bien. Para un creyente el fin nunca justifica los medios.
Más razones contra las sin razones
La otra noche pasaron por televisión un programa en el que una conocida promotora del aborto trataba de desautorizar la intervención de la Iglesia Católica en este tema, alegando que como no es asunto religioso y los argumentos de la Iglesia con relación a esto son exclusivamente de índole religioso sólo competen a quienes tienen fe.
Alegaba en tono paternalista: Está bien que la Iglesia crea lo que quiera, pero no puede pretender imponer sus creencias religiosas a todas las personas.
Pues para que la mencionada señora y quienes la secundan vean que para defender la vida no necesitamos recurrir a lo religioso pues tenemos argumentos sólidos sin necesidad de mencionar que sólo Dios puede dar y quitar la vida, o decir que todo ser humano es un alma para la eternidad; ni mucho menos advertir que el aborto es un pecado tan grave que quien lo comete pone en riesgo su salvación eterna (razones todas de mucho peso para quien tiene fe), a continuación se presentan cinco planteamientos que hasta los no creyentes pueden considerar "razonables" pues están basados exclusivamente en la lógica y el sentido común:
Ninguna semilla, ningún embrión, nada en la naturaleza comienza siendo de una especie para luego volverse de otra.
Si alguien deja un puñado de semillas de girasol sobre la mesa de su cocina, no encontrará un día que se convirtieron en pollitos.
Lo que comenzó como semilla de girasol, toda su vida seguirá siendo semilla de girasol. Del mismo modo, la unión de un óvulo humano y un espermatozoide humano produce un embrión humano.
Desde su inicio se trata de un ser humano, no de un "algo" distinto que a las quién sabe cuántas semanas ¡paf!, por arte de magia se transformará de pronto en humano. No existe semejante proceso de transformación en la naturaleza.
Por minúsculo que sea al principio, es ya un ser humano, con toda la carga genética, con todo lo que requiere para alcanzar su máximo desarrollo.
Quien alega que al inicio no "parece" ser humano, que sólo se trata de un conjunto de células, piense en esto: Si uno examina el huevo de una tortuga marina jamás imaginaría que ahí adentro está una tortuga.
El huevo es blanco y redondo, la tortuga es café, tiene cabeza, cola y cuatro patas. Sin embargo la ley protege al huevo de tortuga para evitar su destrucción y la consecuente extinción de esta especie. ¿Por qué? Porque se sabe que dentro de ese cascarón blancuzco se desarrolla una tortuguita marina.
Otro caso:
Quien examina una oruga en su crisálida jamás pensaría que de ahí saldrá una mariposa, pero lo hará. Y si alguien se pone a destruir, por ejemplo, las orugas de las mariposas monarca sería detenido de inmediato. Y de nada le valdría alegar que lo que destruyó fue un horrible gusano y no una bella mariposa amarilla y negra. Se le acusaría de atentar contra una especie cuyo santuario es considerado patrimonio de la humanidad.
Valgan estos dos ejemplos para preguntar: ¿cómo es posible que nos preocupemos por impedir la destrucción de huevos y orugas pero no la de embriones humanos?
Como el embrión es un ser humano, las razones que se dan para justificar su destrucción tendrían que ser aplicables también para los seres humanos en cualquier etapa de su desarrollo.
Si dices que se le puede eliminar porque "parece" que no "siente", tendrías que aprobar que mientras duermes o si quedas inconsciente, caes en coma o recibes anestesia un doctor aproveche para matarte, al fin que "parece" que no te va a doler.
Si dices que se le puede eliminar porque tiene una malformación, tendrías que aprobar que si te enfermas o sufres alguna discapacidad o llegas a cierta edad, alguien decida matarte siguiendo el método hitleriano de deshacerse de los débiles, enfermos o ancianos.
Si dices que se le puede eliminar porque "estorba" o interrumpa el "proyecto de vida" de alguien, tendrías que estar dispuesto a que cualquiera te mate si acaso considera que interfieres con sus planes.
Se debe defender el embrión por elemental solidaridad, porque es un miembro de nuestra especie, porque como ser humano, tiene una dignidad que no depende de si nos parece que siente o no, es perfecto o no, interfiere o no con los proyectos de alguien.
Se dice que la mujer puede hacer lo que quiera con su cuerpo, pero ¿conoces a alguien que quiera deshacerse de una parte de su cuerpo?
Nadie amanece una mañana y le pide a una amiga: "acompáñame a una clínica porque decidí que me amputen la mano"; o "ya me chocó tener hígado, voy a ir a pedir que me lo saquen".
La mujer que aborta sabe bien que dentro de su vientre se gesta un bebé y lo que desea es impedirle nacer.
Por la razón que sea piensa: "no me conviene tener este niño ahora". Sabe bien que no está eliminando "una parte de su cuerpo". sino a un ser vivo independiente que está creciendo dentro de ella y cuya venida a este mundo ella considera inconveniente.
Para no enfrentar la monstruosidad de su acción ni sentirse culpable, la mujer que aborta y quienes la apoyan para que lo haga se justifican refiriéndose al asunto con términos tranquilizadores.
Lo llaman: "interrupción del embarazo"; "eliminación del producto", pero la verdad es que no se puede negar que ha concebido un hijo y que es ella, su propia madre, la que estaría llamada a protegerlo, quien quiere terminar con su vida.
En cierto país europeo se requiere que la mujer que va a practicarse un aborto contemple un video en el que aparece el procedimiento en toda su crudeza: se ve cómo el bebé se retuerce por las quemaduras que sufre cuando se le aplica la solución salina; se muestra cómo se desmiembra su cuerpecito cuando lo succiona la aspiradora; cómo lo destazan los instrumentos que se introducen para sacar sus restos. Tras de contemplar el video, más del 90% de las mujeres desisten de abortar.
Comprenden horrorizadas que lo que planeaban hacer no era "interrumpir un embarazo" así, a secas, sino interrumpir una vida, cometer un abominable homicidio contra un ser humano pequeñito, vulnerable e indefenso.
Quienes apoyan el aborto se presentan como personas sensibles que se preocupan por defender a otras mujeres y acusan a la Iglesia de no preocuparse por éstas, pero dicha acusación no tiene fundamento.
La Iglesia comprende el drama que viven las mujeres embarazadas que buscan abortar, pero la ayuda que les ofrece no es una puerta falsa que las lastime físicamente (es cuatrocientas veces más peligroso un aborto que un parto y, entre otras graves secuelas, puede provocar esterilidad permanente) ni que las dañe espiritualmente (hay más casos de enfermedades mentales y suicidios entre mujeres que han abortado).
La Iglesia no les facilita, como hacen quienes promueven el aborto, lanzarse a un abismo de culpa y desesperanza, sino que les ofrece un auténtico apoyo práctico (financiero, psicológico, etc.)
Cabe destacar dos cosas:
- a) Que hay muchísimas instituciones que se dedican a apoyar a mujeres embarazadas para que puedan llevar a término su embarazo y luego tener los medios para sostener a su bebé o bien darlo en adopción, y
- b) Que en un momento muy difícil en la vida de una mujer, cuando enfrenta la noticia inesperada y no deseada de su embarazo, cuando se encuentra en medio de una revolución hormonal que afecta sus emociones, y es muy fácil que tome una decisión precipitada de consecuencias irremediables, la Iglesia busca impedir que realice una acción de la que se arrepentirá toda la vida.
El otro día compartía su testimonio una mujer de más de cincuenta años, que en su juventud se practicó dos abortos y luego en su matrimonio no tuvo hijos. Hoy está divorciada, sola, y no puede dejar de pensar que si no se hubiera dejado influir por el miedo que sintió y los malos consejos que recibió y hubiera dejado nacer a sus hijos, serían ahora dos jóvenes con los que compartiría su vida, que la amarían y a los que amaría, y en lugar de llegar por la noche a una casa vacía, llegaría a un hogar donde la esperarían para compartir con ella sus alegrías y sus tristezas.
La Iglesia conoce el incesante dolor de muchas mujeres que han abortado. Sabe historias desgarradoras, (contadas en el confesionario, de las que por razones obvias nadie más se entera) que constituyen uno de los poderosos motores que la mueven a buscar impedir que se lleven a cabo estos actos que provocan tanta angustia y desconsuelo.
Quienes no tienen una actitud verdaderamente compasiva, no sólo hacia las mujeres, sino hacia sus criaturas son los que apoyan el aborto.
Dicen que les preocupa que de mil mujeres que abortan muera una, pero no les preocupa no sólo que de los mil bebés abortados mueran todos, sino que las mujeres que sobreviven queden dañadas de por vida.
Y no sólo eso. Con tal de llevar, como se dice en México, "agua para su molino", no tienen empacho en herir los sentimientos de criaturas inocentes.
Muestra de esto es el libro que una conocida escritora publicó sobre el caso de una adolescente que quedó embarazada a raíz de una violación. En la portada aparece la foto de la jovencita, con su bebé recién nacido en brazos de otra persona. La escritora declaró a los medios que la mamá afirmó que al momento en que su niño nació no quiso ni tocarlo. Y luego ella grabó un spot en el que expresó públicamente cuánto lamentaba no haber podido abortar a su hijo.
¿No se han preguntado las personas que han producido ese libro y ese spot lo que será de ese niño cuando crezca y los vea? ¿No les preocupa desgarrar el corazón de un chamaquito que gracias a ellas comprenderá que no su madre no lo quiso?
Desde que estaba embarazada, se le ofreció a la jovencita dar a su bebé en adopción y se negó, quizá porque le convino la ayuda recibida para su manutención.
¿Qué le habrán ofrecido para que se atreviera a salir en los medios dando a entender que le gustaría que su hijito estuviera muerto?
Qué pena que la hayan usado y ella se haya dejado usar para renegar del don de su maternidad y hacer sentir terriblemente mal a un inocente que no tiene culpa de nada.
- a) Que hay muchísimas instituciones que se dedican a apoyar a mujeres embarazadas para que puedan llevar a término su embarazo y luego tener los medios para sostener a su bebé o bien darlo en adopción, y
5. Dicen que si hay muchas clínicas para practicar abortos, disminuirán los abortos clandestinos. Esto es falso. Las estadísticas de países en los que se ha legalizado el aborto muestran que suceden tres cosas:
- a) Aumentan los abortos
Muchas mujeres los convierten en su "método" de control natal pues ya no les preocupa embarazarse, al fin que en la esquina tienen una clínica que en quince minutos les resuelve el "problema".
Creen que es así de sencillo; demasiado tarde comprenden que aunque quizá toma poco tiempo abortar, sus consecuencias físicas y psicológicas duran toda la vida. - b) Continúan los abortos clandestinos
Aunque se despenalice el aborto, siempre seguirá siendo considerado un acto indigno y vergonzoso.
Muchas mujeres no querrían nunca que su novio, marido, suegra, madre, hermanos, hijos, amigos, etc. sepan que han abortado. Una señora confesaba que jamás querría que su niña, que lleva años pidiéndole insistentemente que tenga otro hijo para tener con quien jugar, se entere un día de que lo abortó, la mire a los ojos y le pregunte: "mamá, ¿por qué mataste a mi hermanito?"Realizarse un aborto jamás será algo de lo que una mujer pueda sentirse orgullosa. Y no importa si todas las voces en los medios de comunicación, en las cámaras de legisladores, en las organizaciones feministas pro-aborto dicen lo contrario, hay una voz que nunca podrán callar, y conste que no se habla aquí de la de Dios, sino de otra mucho más implacable: la de su propia conciencia.
- c) Poner clínicas de abortos se convierte en un buen negocio
Pues se reciben jugosos subsidios en dólares provenientes de EUA.
Ello permite a quienes laboran en dichas clínicas ganar buen sueldo.
Pero como para mantener el subsidio tienen que realizar una elevada cuota de abortos al mes, se dedican a promover el aborto.
En el DF se da el triste caso de que con tal de asegurar que aumente su cuota mensual de abortos, ofrecen este "servicio" a mujeres de provincia a las que incluso les regalan el boleto de camión de ida y vuelta.
Y ni hablar de lo que ganan los laboratorios que producen los materiales que se emplean en abortos. Detrás del supuesto altruismo de quienes promueven abortos hay un desmedido afán de ganar dinero a como dé lugar.
Como se ve, existen muchos argumentos contra el aborto, sin tener que recurrir a lo religioso.
Sin embargo, como curiosamente quienes suelen introducir la religión en este debate son quienes apoyan el aborto, no es posible dejar sin abordar aquí dos cuestiones:
- El más conocido grupo de mujeres a favor del aborto se autodenomina: "católicas por el derecho a decidir".
Sus miembros echan por delante su condición de supuestas creyentes, para ver si atraen a mujeres católicas a su causa.
La verdad es que no engañan a nadie: se sabe bien que no pertenecen a Iglesia Católica, pues quien apoya el aborto es automáticamente excomulgado, queda, por tanto, fuera de la Iglesia, (que con esta sanción busca, sobre todo, ayudarle a darse cuenta de que necesita reflexión, arrepentimiento y reconciliación). - La mujer mencionada al inicio de este artículo declaró en el aludido programa de televisión que consideraba que "la maternidad es un don".
Tiene entonces que admitir que para que haya un "don" tiene que haber un "donador" y como ningún ser humano puede producir vida a voluntad, ese "don" necesariamente tiene que venir de un ser superior, es decir, de Dios.
Luego entonces ella está implícitamente reconociendo que la maternidad es un regalo de Dios. - a). Que si un hijo es un don divino, cabe darle un voto de confianza a Dios y atreverse a recibir ese don aunque por el momento parezca inconveniente, pues un regalo Suyo es siempre positivo y si Él permite que una mujer sea madre es porque sabe que será para bien, para ayudarle a ella y a otros, a superar su egoísmo, a crecer en amor, en fin, a ser mejores personas, aunque ello cueste trabajo y complique sus "proyectos de vida".
Prueba de ello son los testimonios que dan las mamás de los niños que aparecen en el Teletón: en los que expresan que ha sido gracias a sus niños especiales que ellas y sus familias han aprendido invaluables lecciones de amor y valentía que no cambian por nada.
Una vez más se demuestra que lo que es despreciable para el mundo es valioso a los ojos de Aquel que todo lo crea bueno y destinado a dar grandes frutos.
- b). Que si la vida es un don divino, sólo Dios, no ella ni nadie más, tiene el derecho de disponer de ese inmerecido y misterioso regalo.
Oremos para que tanto ella como quienes comparten su manera de pensar puedan dar el siguiente paso: y comprender y reconocer dos cosas:
- a) Aumentan los abortos
7 notas sobre el tema del aborto
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De los miles de abortos que se practican al año en México muere menos del 1% de las mujeres que abortan, pero muere el 100% de los bebés abortados.
Dicen que los católicos no debemos imponer nuestra moral a los demás, que el aborto es un problema de salud, no de moral.
Es falso. Toda ley que regula la convivencia humana necesariamente parte de un principio moral (no robar, no defraudar, no matar...)
El aborto no sólo tiene que ver con la salud de la mujer que aborta, sino sobre todo, con la vida del bebé no nacido.
Dicen que mueren muchas mujeres por abortos mal practicados, que hay que facilitar que puedan abortar en condiciones higiénicas.
Mueren muchos terroristas haciendo estallar bombas, pero a nadie se le ocurriría buscar la manera de facilitarles matar inocentes.
Es hipócrita hablar de "derecho a decidir", cuando éste sólo se le otorga ese derecho a la mujer y no al ser que lleva en su vientre.
Se habla de: "interrupción de embarazo", para evitar referirse a la muerte de un ser humano en el seno materno.
Sería más honesto hablar de "homicidio en defensa propia".
Ello permitiría poner a discusión si sería válido que una mujer termine con la vida del ser indefenso que lleva en las entrañas por considerar que la vida de él atenta contra la de ella.
Dicen que el feto es parte del cuerpo de la madre, pero si eso fuera cierto, no habría necesidad de abortarlo, pues no crecería como crece ni tendría, como tiene, vida propia.
Hace siglos muchos frailes fueron criticados por defender a los indígenas, pues muchos conquistadores creían, equivocadamente, que los indígenas no eran humanos ni sentían nada.
Hoy los católicos somos criticados por defender a los bebés no nacidos, a quienes muchos consideran, equivocadamente, que no son humanos ni sienten nada.
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