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Encuentros


Alejandra María Sosa Elízaga*

Dicen que las mujeres somos las peores enemigas de las mujeres.

Pero este fin de semana que pasó, tuve una experiencia que echa totalmente por tierra ese concepto, y que me gustaría compartir con ustedes.

En 2007 tuve la oportunidad de participar como conferencista en un Congreso Católico para Mujeres.

Antes de continuar, cabe explicar que se trató de un evento organizado por El Sembrador, Nueva Evangelización, una organización avalada por el Papa y constituida por laicos comprometidos, de habla hispana, la mayor parte de la cual son de origen mexicano, radicados en Los Angeles, Cal, y alrededores.

El Sembrador cuenta con tres grandes ramas:

  1. La parroquial, que trabaja en las parroquias, organizando, entre otras actividades, asambleas de oración, de lectura de la Palabra, retiros, etc.

  2. La televisiva, que transmite 24 horas por un canal que llega a Estados Unidos, México, Centro y Sudamérica y España, sea por cable, antena o internet (www.elsembrador.org), y

  3. La de radio, que transmite 24 horas y también puede ser captada por antena e internet.

Además de todas estas actividades, el Sembrador organiza cinco congresos católicos al año: Para mujeres, para hombres, para matrimonios, para católicos en general y para jóvenes.

En este congreso al que me tocó ir, asistieron ocho mil mujeres, y era notable ver el ambiente de fraternidad, de amabilidad, de verdadera camaradería que había entre todas.

No están ustedes para saberlo ni yo para contárselos, pero ¡hasta en el baño se vivía ese ambiente!

Nada de mujeres reunidas ahí para chismear y recortar a las que quedaron afuera, no; allí vi lo nunca visto: a algunas que incluso ¡cedían su turno para que entraran otras primero!

Para coordinar el orden en el evento, acudieron cientos de servidores de diversas parroquias de la zona.

Todos sin excepción, la atendían a una con una sonrisa, llamándola “hermanita”, se despedían con un “¡Dios me la bendiga mucho!”

No había esa prepotencia que se siente en otros eventos, donde el personal de orden y seguridad trata al público con despotismo.

Entre las charlas había grupos musicales católicos que tocaban algunas piezas que ponían a bailar a todo el mundo.

Pude estar, como quien dice, “tras bambalinas” y conocer a los que daban las charlas y a los que cantaban y tocaban, y me sorprendió gratísimamente su sencillez, humildad y alegría.

Bajaban del escenario sin poses, haciendo bromas, como si no acabaran de prender a ocho mil almas que los aclamaban aplaudiendo.

Ninguno se sentía “estrellita marinera”, ni siquiera Noel Díaz, el fundador de El Sembrador, y cabeza de toda la organización; al contrario, él es el más accesible y cordial.

Comentaba todo esto con una amiga y ella me preguntaba a qué creía yo que se debía ese ambiente tan distinto al que suele darse en todo el mundo en los eventos masivos, en donde la gente se empuja para tener mejor sitio, se abalanza sobre lo que hay de comer, se arrebata lo que hay a la venta, y en donde quienes suben al escenario se sienten lo máximo.

Le respondí que el secreto está en tener verdaderamente una relación personal con Dios.

Por una parte, se nota que todas las personas que participaron en la organización, tienen esta relación: hacen oración, se mantienen en un diálogo constante con el Señor, lo han puesto a Él en el centro de su vida y en Él hallan la fuerza y el ejemplo para amar y servir.

Por otra parte, a las asistentes se les daba en bandeja de plata la oportunidad de entrar también en relación personal con Dios: había un salón en el que estuvo permanentemente expuesto el Santísimo, para que quien quisiera pudiera visitarlo, quedarse un ratito a sus pies, dialogando íntimamente con Jesús Sacramentado.

En otro salón, había numerosos sacerdotes confesando a quien quisiera reconciliarse con Dios.

En otro salón diversos hermanos hacían oración de sanación.

Y, por si fuera poco, todas las charlas finalizaban con unos diez minutos de oración que permitía a las asistentes poner lo reflexionado en manos de Dios y dejar que Él las tocara.

Era impresionante ver ese mar de mujeres, todas con el rostro vuelto hacia el Señor, abiertas a recibir Su gracia, a ser consoladas, sanadas, renovadas por Él.

Me siento feliz de haber podido tener esa experiencia, y más feliz aún de animarte a vivirla, pues traigo la encomienda de invitarte al evento que El Sembrador va a realizar en la ciudad de México, en el atrio de la Basílica de Guadalupe, a partir de las 9 de la mañana, el próximo sábado 24 de febrero.

Es para católicos en general y la entrada es libre. Vendrán Noel Díaz y otros participantes estupendos; habrá momentos de reflexión, de oración, de sanación interior, de música y alegría.

Será toda una experiencia de encuentro con el Señor, ¡Ojalá no te la pierdas!

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