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La devoción al Sagrado Corazón de Jesús


Alejandra María Sosa Elízaga*

Qué es

Es honrar y celebrar el Corazón de Jesús, no como un órgano aislado, sino como símbolo del infinito amor que emana de toda Su Persona.

Quién la inició

Desde los primeros siglos del cristianismo se hablaba del Corazón traspasado de Cristo como fuente de Su amor.

A partir del segundo milenio, numerosos santos promovieron esta devoción, entre ellos San Bernardo en el sigo XII, San Buenaventura en el siglo XIII, Santa Gertrudis en el siglo XIV y San Francisco de Sales en el siglo XVII, quien fundó el Convento de la Visitación al cual habría de entrar al poco tiempo Santa Margarita María Alacoque a la que Jesús se le apareció con el corazón sobre el pecho, encendido de amor y coronado de espinas, y le hizo las revelaciones relacionadas a Su devoción.

Cuándo se celebra

El Señor pidió que se le celebrara el primer viernes después de la octava de Corpus Christi. La Iglesia dedica a honrarlo todo el mes de junio y los primeros viernes de cada mes.

Cómo se realiza

Comulgar -estando en gracia de Dios- los primeros viernes durante nueve meses continuos, con intención de honrar el Sagrado Corazón y reparar con amor las heridas que le causan la indiferencia, ofensas y falta de amor que recibe continuamente.

Dónde se celebra

La Solemnidad del Sagrado Corazón se celebra en una Misa, y también se suele acudir a Misa para cumplir la devoción de los primeros viernes.

Sin embargo hay muchas otras devociones personales dedicadas al Sagrado Corazón (como su entronización en los hogares, o la oración de consagración del día que se reza por la mañana) que se realizan en casa.

Por qué se instituyó

Porque todos estamos necesitados del amor divino.

Mirar el Sagrado Corazón de Jesús es contemplar la intimidad de Dios; es asomarse a Su interior y descubrir que late ahí un corazón encendido de amor hacia ti; es poder penetrar a lo más íntimo, al centro mismo de Su ser, a Su esencia y encontrar que verdaderamente es solo Amor.

Aproximarse a Él mirando Su corazón en llamas es tener la absoluta seguridad de que te aproximas a Aquel que muere de amor por Ti, que te mira con amor, te escucha con amor, te atiende con amor y nunca se cansa de ti ni lo fastidia que le cuentes tus mismos problemas de siempre, que le encomiendes las mismas intenciones o que le pidas perdón por las mismas caídas.

Es poder poner la mirada en una imagen que te recuerda que en Él no cabe nada más que un corazón amoroso.

Es saber que se tiene un pecho en el cual te puedes recostar para recibir un abrazo que te consuele y te sane.

Para qué

En 1673 Jesús hizo doce promesas a Santa Margarita María Alacoque: Darles a los devotos de Su Sagrado Corazón todas las gracias que necesiten para su estado de vida; darles paz a sus familias; consolarlas en todas sus penas; ser su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte; derramar abundantes bendiciones en todas sus empresas; que los pecadores encuentren en Su Corazón un océano de misericordia; que las almas tibias se vuelvan fervorosas; que las almas fervorosas hagan rápidos progresos en la perfección; bendecir las casas donde Su imagen sea expuesta y venerada; otorgar a aquellos que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos; grabar para siempre en Su Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción y, por último: que quienes comulguen nueve primeros viernes de mes continuos obtengan, la gracia de la penitencia final y de no morir sin el consuelo de los Sacramentos.

Como todo lo relacionado con el Señor es un camino de ida y vuelta que nos enseña quién es Él y cómo estamos llamados a ser nosotros.

Ser devotos del Sagrado Corazón significa no sólo ser destinatarios de las gracias prometidas, sino vivir en una cercanía con Jesús que permita obedecer lo que nos pidió: "Aprendan de Mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29).

Contemplar Su corazón den llamas es sabernos llamado a dejarnos incendiar el propio corazón.

Es sabernos llamado a tener, como pedía San Pablo, “los mismos sentimientos de Cristo” (Flp 2,5), es decir, Su misma manera de amar, de comprender, de perdonar, de tender la mano.

Es, ante todo, no una manera de sacar provecho de la desbordada generosidad divina, sino una ayuda invaluable para convertirnos en testigos Suyos y anunciar a todo el mundo ese inagotable y misericordioso amor de Jesús que ha sido derramado nuestros corazones y ha encendido en ellos Su fuego inapagable.

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