¿Cómo reaccionar ante el escándalo?
Alejandra María Sosa Elízaga*
Hace unos días alguien me comentaba que se ha dado cuenta de que cuando un miembro de la jerarquía ha hecho algo indebido suele suceder que muchos medios de comunicación se dedican a difundir la noticia escandalosamente, y mientras unos aprovechan para echarle tierra a la Iglesia y otros se dedican a pontificar sobre lo que ésta debía o no haber hecho o hacer, se preguntaba cómo debía reaccionar como católico común, anónimo miembro del pueblo de Dios, que ni fue directamente afectado ni tiene poder para cambiar las cosas; quería saber qué postura adoptar ante una noticia que asombra, decepciona o enoja, para que ésta no afecte su fe o la de su familia.
Se me ocurrió compartirle algunas reflexiones que suelo hacerme en esos casos, y como existe la posibilidad de que tú participes de su misma inquietud, te las comparto también:
Ten muy claro por qué perteneces a la Iglesia Católica
Eres miembro de la Iglesia porque crees en Cristo, que la fundó, la sostiene y la guía con Su Espíritu Santo.
Es a Él a quien sigues, es a Él a quien amas, es en Él en quien crees.
A lo largo de toda la historia nadie ha osado decir, respaldándolo con pruebas como lo respaldó Cristo, lo que Él dijo de Sí mismo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mí." (Jn 14,6).
Quien pone toda su confianza en Él no queda nunca defraudado.
No pongas a nadie en el lugar que corresponde a Cristo
Puede haber muchos hombres y mujeres notables a quienes admirar y cuyas obras y palabras son muy inspiradoras, pero hay que situarlos en perspectiva y tener muy presente que ninguno de ellos fundó la Iglesia, ni dio la vida en la cruz para el perdón de tus pecados ni resucitó para liberarte de la muerte y alcanzarte la salvación, sólo Cristo lo hizo.
En tiempos de San Pablo, en las primeras comunidades cristianas se empezaron a formar bandos porque unos seguían a un apóstol, otros a otro; se corría el riesgo no sólo de que la comunidad se dividiera sino de que muchos se decepcionaran por seguir a hombres, susceptibles de fallar.
San Pablo les hizo ver que ninguno debe pertenecer a nadie más que a Cristo (ver 1Cor 1,10-12; 3,5-9.21-23).
Considera que Jesús formó la Iglesia con pecadores
Jesús fundó la Iglesia con hombres ordinarios llenos de debilidades y defectos.
Cuando en el Credo decimos que es “santa” no es en referencia a nuestra santidad sino a la de Cristo que la fundó, y también a que en ella hallamos todos los medios que necesitamos para ser santos.
Lo que no hay que olvidar es que en este mundo vamos caminando, con tropezones y caídas, hacia la santidad pero todavía no la alcanzamos.
No esperemos de los demás una perfección que nosotros mismos no tenemos. (Ver Mt 7,3-5).
Descubrir los pecados de alguno que era o parecía muy santo nos puede doler pero no apartar de Aquel que nunca cometió pecado, ni de la Iglesia que fundó para tender la mano a los pecadores.
Alguien decía que un miembro de la Iglesia que hace mal comete un homicidio espiritual porque mata la confianza de mucha gente, pero quien permite que ello le aparte de la Iglesia comete suicidio espiritual, pues se priva a sí mismo de participar de los Sacramentos mediante los cuales el Señor viene a nosotros para colmarnos de bendiciones.
No cometas la injusticia de generalizar
Si un miembro de la Iglesia ha hecho algo malo, no caigas en el error de considerar que todos los que participan de su mismo estado o pertenecen a su mismo grupo o movimiento han hecho lo mismo.
Ni siquiera generalices en el sentido de considerar que porque alguien ha hecho algo malo, incluso muy malo, todo lo que ha hecho es malo o muy malo.
Puede haber hecho algo bueno, incluso muy bueno.
En un mismo ser humano cabe la luz y la tiniebla.
San Pablo decía que convivían en él dos tendencias opuestas: la de hacer lo que pedía el Señor y la de hacer lo contrario (ver Rom 7,14-25).
¿Quién sino Dios puede conocer hacia dónde se inclina la balanza de cada uno?
Aprovecha la caída del otro no para juzgarlo sino para juzgarte tú
Reconoce que eres falible y que si no has cometido graves pecados no ha sido por tus méritos sino por pura gracia de Dios y quizá también por falta de oportunidad...
Decía San Pablo que llevamos un tesoro en vasijas de barro para que nadie se gloríe (ver 2Cor 4,7).
La conciencia de tu fragilidad debe moverte a reaccionar ante quien cae no como juez que lo señala con dedo flamígero, sino como harías si fueras de excursión y alguien cayera a un abismo.
Seguramente sentirías preocupación y compasión, pero también especularías sobre qué pudo provocar su caída, para evitar caer tú también.
En la vida espiritual puedes especular que quien cayó quizá ya no se confesaba, perdió su propósito de enmienda, convirtió en rutina su oración, dejó de prestarle atención a la Palabra de Dios, etc.
Comprender que todo ello pudo hacer caer a alguien que parecía haber alcanzado gran altura espiritual debe alertarte acerca de que nadie puede sentirse a salvo de la tentación por lo que para evitar caer debes reforzar aquello que te fortalece.
Ora por todos
Encomienda a la misericordia divina a todos los involucrados.
Ora para que los culpables se arrepientan y pidan perdón; las víctimas logren perdonar y superar aquello; quienes deben tomar resoluciones decidan lo mejor; quienes comenten el hecho tengan compasión y prudencia, y quienes, como la persona mencionada al inicio, se preguntan cómo reaccionar, lo hagan siempre conforme a lo que pidió el Señor: "No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados" (Lc 6,37).
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